Todo es posible…

“Sabemos lo que somos, pero no lo que podemos llegar a ser”. — William Shakespeare

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Una de las cosas más satisfactorias de la vida es el convencimiento de que todo es posible. Nada está vedado, nada es imposible para un corazón inquieto y perseverante porque intentando lo imposible es como una persona se convence de que realiza lo posible.

Es necesario esforzarse sin descanso por alcanzar los objetivos propuestos, ya que, como expresaba Beethoven, “el genio se compone de dos por ciento de talento y noventa y ocho por ciento de perseverante aplicación”.

Ejemplo

Experiencia del docente en primera persona

La demostración de que todo es posible es, precisamente, el texto que tiene en sus manos. Yo no soy ni he sido escritor; sin embargo, un buen día sentí que deseaba escribir un libro que pudiera ayudar a otros a reconocer su liderazgo interior y encontrar el equilibrio en sus vidas. Así, con gran esfuerzo y luego de varios años de perseverante trabajo, pude cristalizar mi sueño. Todos podemos hacer lo mismo con nuestros deseos… sólo es necesario que pongamos a prueba nuestra voluntad.

El problema aparece cuando no advertimos que en ciertas ocasiones el error reside en no insistir lo suficiente. Por ello, estoy convencido de que la clave del éxito es perseverar y luchar hasta alcanzar nuestra meta. Así pensaba el gran Thomas Alba Edison cuando afirmaba que “muchos de los fracasos en la vida han sido de hombres que nunca se dieron cuenta de lo cerca que estaban del éxito”.

A pesar de estar convencido de que con esfuerzo se pueden lograr sus anhelados objetivos, un individuo debe de ser consciente de lo duro que puede ser el camino y estar dispuesto a fracasar muchas veces antes de lograr el éxito final, ya que la grandeza de cualquier desafío también supone una gran dosis de fracaso.

Pedro Bonifacio Palacios (2007), más conocido como Almafuerte, expresó con gran claridad esa férrea voluntad de superar los fracasos en ¡Avanti! y ¡Piu avanti!, de los Siete sonetos medicionales (p. 207):

 ¡Avanti!

Si te postran diez veces, te levantas,
Otras diez, otras cien, otras quinientas…
No han de ser tus caídas tan violentas,
No tampoco, por ley, han de ser tantas.

¡Piu avanti!

No te des por vencido ni aun vencido,
No te sientas esclavo, ni aun esclavo,
Trémulo de pavor, piénsate bravo,
Y acomete feroz, ya malherido.

 

Como expresaba Almafuerte en sus versos, el fracaso no sobrecogerá nunca a una persona si la determinación por llegar a su meta es lo suficientemente poderosa como para transformar su anhelo en una perseverante convicción por alcanzar el éxito.

A pesar de esto, con frecuencia, los individuos se encuentran con otros que, habiendo intentado cumplir sus sueños, desisten a medio camino, convencidos de que la empresa es demasiado dura para ellos. “¡Estoy muy cansado de intentar e intentar! ¡Ya no puedo más!”, “¡no sé cómo se me ocurrió lanzarme a esta aventura si soy incapaz de lograrlo!”, “¡El desafío es más duro de lo que imaginé!”, suelen expresar.

Ellos no advierten que el principal problema en su camino hacia el éxito se alberga en su propia cabeza, en sus propias convicciones y creencias porque, como decía Henry Ford, “si uno piensa que puede o que no puede, siempre tendrá razón”.

Ejemplo

En una oportunidad, el director general de una empresa a la que asesoraba por un tema de mejoramiento en la motivación del personal, me agradecía efusivamente el trabajo que había desarrollado con sus comerciales, al punto de lograr la gran hazaña de batir el récord histórico de ventas. Mientras me estrechaba con fuerza la mano y me daba palmadas en la espalda, yo pensaba: “Como no sabían que era imposible, lo hicieron”.

En realidad, es así, ya que si uno cree que no podrá, de seguro no lo hará. No nos engañemos: para vivir en este mundo tenemos que ser fuertes y tener mucha fe. Tarde o temprano sufrimos alguna adversidad, sea dolor, enfermedad, accidente o fracaso. Cuando eso llega, nos puede derrumbar y someternos como a indefensos niños, salvo que poseamos una gran fortaleza espiritual como condición necesaria para afrontar adversidades, lo que conlleva una gran dosis de fe y optimismo.

En estos últimos años, he tenido la oportunidad de conocer a muchas personas que alcanzan el éxito como por arte de magia, aquellas que la mayoría de nosotros pensamos que tienen algún don especial. En cuanta ocasión he tenido, les he pedido que me indicaran cuál es su fórmula para lograrlo, si es que existía alguna. La mayoría de ellos me respondió que la posibilidad del fracaso no se les había cruzado nunca por la mente. “Sencillamente ―me contestó uno―, creo fervientemente en mí mismo y en los proyectos que emprendo”.

La solución a los problemas personales no está fuera del alcance de ninguna persona, sino en sí mismas. Como dijo Buda, “el pensamiento lo es todo, llegamos a ser lo que pensamos”. Y así es: en la mayoría de los casos en que alguien se siente vencido, se deja influir por el pensamiento del fracaso.

Por eso, Henry Ford decía que buscaba para su empresa a muchos hombres que tuvieran una capacidad infinita de no saber lo que no se puede hacer, puesto que tenía una plena convicción de que la creencia lo es todo.

Entonces, ¿cuál es la clave para alcanzar los objetivos propuestos? ¿Cómo lograr lo que parece imposible? El éxito y el triunfo sólo se logran concibiendo en el interior la idea de que se posee una gran capacidad intelectual y espiritual para afrontar cualquier desafío que la vida imponga. Nada es imposible para nadie. Es la condición interna la que permitirá tener una autoestima tan fuerte que ni los más duros obstáculos podrán producir desvíos en el camino escogido.

Sin embargo, lograr esta fortaleza interior no es tarea fácil, sobre todo cuando los hábitos mentales negativos han trazado hondos surcos en la personalidad. Sin embargo, a pesar de las adversidades que aparecen al andar, es necesario ser fuerte, ya que quien lo es no se deja vencer por el pesimismo y, aunque comprende los obstáculos que presenta un problema, no se abate: estudia la situación hasta descubrir la forma de salir adelante.

Ejemplo

Experiencia del docente en primera persona

Esto trae a mi recuerdo un cliente llamado Julián, a quien le estuve tratando de explicar durante un mes la idea de que podemos lograr lo que deseamos, siempre que creamos en ello. Al finalizar el programa de doce sesiones de Coaching, le recomendé que leyera la biografía de algún personaje famoso y reconocido para que pudiera extraer de su lectura conclusiones e ideas que lo alentaran y convencieran de que cualquier proyecto o sueño que nos planteemos es posible. Los resultados fueron asombrosos. A meses de nuestra última charla, lo encontré sentado en el recibidor de mi consultorio y me dijo sin darme tiempo de hablar: “Te estoy realmente agradecido. Leer la historia real de personas relevantes que partiendo de una condición humilde llegaron a triunfar me ha convencido de que mis sueños, como los de ellos, se pueden hacer realidad”.

En la lucha por la concreción de los planes personales, siempre es aconsejable tener a mano una frase que me acompaña en cualquier desafío o meta que me propongo: “Aspira a lo absoluto si en lo relativo quieres triunfar”. Por ello, estando frente a un proyecto doy todo de mí para poder lograr aunque sea un poco. Siempre me da resultado y no me angustio por no lograr lo máximo a lo que aspiro, porque sé que lo obtenido es lo justo.

Nunca se debe de ir a lo pequeño, sino que, por el contrario, se debe de estar convencido de que todo es posible y que con esfuerzo se conseguirá lo mejor y más difícil. Ese esfuerzo se verá recompensado porque, como reza un proverbio japonés: “Existe una puerta por la que puede entrar la buena suerte…, pero tú tienes la llave”.

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